jueves, 29 de septiembre de 2016

Los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género

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       “Derechos iguales para hombres y mujeres

La igualdad de género está en el centro mismo de los derechos humanos y los valores de las Naciones Unidas. Un principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas, aprobada por los dirigentes del mundo en 1945, es la protección y el fomento de los derechos humanos de las mujeres como responsabilidad de todos los Estados.
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 “La igualdad de género es un principio constitucional que estipula que hombres y mujeres son iguales ante la ley”






La igualdad de género, también conocida como igualdad de sexos, implica que los hombres y las mujeres deben recibir los mismos beneficios, recibir las mismas sentencias y ser tratados con el mismo respeto. Este concepto es clave en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la que el objetivo final es otorgar a las personas igualdad legal, cultural y social, especialmente en las actividades democráticas y asegurar la igualdad de remuneración por el mismo trabajo. El principio de igualdad y de no discriminación por razón de sexo es una obligación de derecho internacional general, que vincula a todas las naciones y, dado su carácter primordial, se establece siempre como un principio que debe inspirar el resto de los derechos fundamentales.

Sin embargo, millones de mujeres del mundo entero siguen siendo víctimas de la discriminación:

  • Las leyes y las políticas prohíben a las mujeres el acceso a la tierra, la propiedad y la vivienda, en términos de igualdad.
  • La discriminación económica y social se traduce en opciones vitales más reducidas y más pobres para las mujeres, lo que las hace más vulnerables a la trata de personas.
  • La violencia de género afecta por lo menos al 30% de las mujeres del mundo.
  • A las mujeres se les niegan sus derechos a la salud sexual y reproductiva.
  • Las defensoras de los derechos humanos son relegadas al ostracismo por sus comunidades, que las consideran una amenaza a la religión, el honor o la cultura.
  • La función esencial que las mujeres desempeñan en la paz y la seguridad suele pasarse por alto, así como los peligros específicos que afrontan en las situaciones de conflicto.
Además, algunos grupos de mujeres se enfrentan a modalidades complejas de discriminación –debidas a factores tales como la edad, la etnia, la discapacidad o la condición socio económica— que se añaden a su condición femenina. 
Para garantizar de manera eficaz los derechos humanos de las mujeres es preciso, en primer lugar, una comprensión exhaustiva de las estructuras sociales y las relaciones de poder que condicionan no sólo las leyes y las políticas, sino también la economía, la dinámica social y la vida familiar y comunitaria.
Es preciso desactivar los nocivos estereotipos de género, de modo que a las mujeres no se les perciba según las pautas de lo que “deberían” hacer sino que se les considere por lo que son: personas singulares, con sus propios deseos y necesidades. 

La discriminación por motivo de sexo está prohibida en casi todos los tratados de derechos humanos, lo que abarca también el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que en virtud del artículo 3, común a ambos, aseguran a los hombres y a las mujeres igual título a gozar de todos los derechos enunciados en esos documentos.
Además, hay tratados y órganos de expertos dedicados específicamente a hacer realidad los derechos humanos de las mujeres.

La búsqueda de la igualdad de género es un elemento central de una visión de la sostenibilidad en la cual cada miembro de la sociedad respeta a los demás y desempeña un papel que le permite aprovechar su potencial al máximo. La amplia meta de la igualdad de género es una meta social a la que la educación y las demás instituciones sociales deben contribuir. La discriminación de género está imbricada en el tejido de las sociedades. En muchas sociedades, las mujeres llevan la carga principal de la producción de alimentos y la crianza de los niños. Además, las mujeres a menudo son excluidas de las decisiones familiares o comunitarias que afectan a sus vidas y bienestar.
La cuestión de género debe ser considerada prioritaria en la planificación de la educación, desde las infraestructuras hasta el desarrollo de materiales o los procesos pedagógicos. La participación total y equitativa de las mujeres es vital para asegurar un futuro sostenible porque:
Los roles de género son creados por la sociedad y se aprenden de una generación a otra;
Los roles de género son constructos sociales y se pueden cambiar para alcanzar la igualdad y la equidad entre las mujeres y los hombres;
Empoderar a las mujeres es una herramienta indispensable para hacer avanzar el desarrollo y reducir la pobreza;
Las desigualdades de género socavan la capacidad de las niñas y mujeres de ejercer sus derechos;
Asegurar la igualdad de género entre niños y niñas significa que ambos tienen las mismas oportunidades para acceder a la escuela, así como durante el transcurso de sus estudios.
Sabemos bien que no basta decretar la igualdad en la ley si en la realidad no es un hecho.  Para que así lo sea, la igualdad debe traducirse en oportunidades reales y efectivas para ir a la escuela, acceder a un trabajo, a servicios de salud y seguridad social; competir por puestos o cargos de representación popular; gozar de libertades para elegir pareja, conformar una familia y participar en los asuntos de nuestras comunidades, organizaciones y partidos políticos.

Como se ha dicho, para que la igualdad sea una realidad es importante tener presente que no basta con la acción de los gobiernos. Los y las ciudadanas también debemos activarnos en consecuencia mediante la apropiación de los derechos y la capacidad para hacerlos valer. No obstante, aún queda un largo trecho que recorrer.

El machismo es una expresión derivada de la palabra macho, se define en el Diccionario de la lengua española de la RAE como la «actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres». . En cambio el hembrismo es un neologismo en español usado para referirse a la misandria o desprecio a los hombres.

Si realmente crees que la igualdad de género no es solo un derecho de la mujer sinalgo que beneficia a todos, puedes empezar por conocer a fondo los 7 Principios , son ideales para implementar con facilidad tanto en tu casa como en la oficina y en la escuela:


Siempre que puedas, ofrece mentoría a mujeres menos experimentadas.
 Los estudios muestran que las organizaciones tienden a asignarles mentores de menor nivel jerárquico a las mujeres que a los hombres. Dado que existe una correlación entre la jerarquía del mentor y las oportunidades de trabajo que se le presentan al individuo, es bueno estar alerta a esta cuestión para evitar sesgos conscientes o inconscientes.

Ofrécele oportunidades a mujeres interesadas en aprender.
 
Son demasiados los casos de mujeres que son ignoradas por sus jefes y los jefes de sus jefes aún cuando expresan en forma explícita su interés por aprender y crecer. Si no tienen redes de contacto es fácil que pasen desapercibidas y la organización desaproveche una empleada que con las oportunidades adecuadas podría agregar valor al negocio.
Practica estos 7 principios para contribuir con la igualdad de género

Dale retroalimentación honesta a las mujeres de tu red de contactos y evita hacer comentarios hirientes o críticas innecesarias. 
Una investigación reciente comprobó que en las evaluaciones laborales, el 87.9% de las mujeres reciben feedback crítico frente al 58.9% de los hombres. A los hombres les dan críticas constructivas y a las mujeres les dan críticas constructivas y además les dicen que “bajen varios cambios”. No caigas en esta trampa. Observa y evalúa el desempeño de hombres y mujeres por igual. No esperes que una mujer gerente o ejecutiva sea simpática si no esperas lo mismo de un hombre en ese puesto. 
Cultiva tu relación con mujeres de tu equipo. 
Está estudiado que los hombres que han tenido mentoras mujeres son más receptivos a la igualdad de género y al empoderamiento de la mujer ya que conocen a fondo los desafíos que han enfrentado sus mentoras. De la misma manera, cuanto más profundices tu relación con las colegas de tu equipo, mejor entenderás los obstáculos con los que se enfrentan para crecer profesionalmente y mejor podrás contribuir con el crecimiento empresarial y la sustentabilidad de la organización.

Celebra en forma pública los logros de mujeres.
 
Sí, felicita a tus colegas delante de ejecutivos y colegas por sus resultados. Reconoce sus ideas y sus aportes. Dales crédito cuando lo merecen ya que es muy común que sus ideas sean desestimadas.  “Para instalar el “reconocimiento” dentro de tu equipo de trabajo enséñales a las mujeres que al ser reconocidas simplemente agradezcan. Sí, un simple “Gracias” a modo de aceptación, instala el habito del reconocimiento. Muchas mujeres no están acostumbradas a ser reconocidas y en lugar de agradecer y callar, niegan el reconocimiento o dan explicaciones de por qué no lo merecen. Aprender a decir “gracias” las prepara para recibir y entregar reconocimiento positivo poniendo en marcha círculos virtuosos”.

Cuídate de criticar a las mujeres.
 
El efecto nocivo de criticar a las mujeres es incalculable. Y no sólo me refiero a críticas directas sino a las que se hacen por detrás de la persona o las que se hacen de figuras públicas que en el fondo, terminan impactando al género femenino. Hace poco en una entrevista radial sobre mi libro Poder de Mujer, un reportero me preguntó qué opinaba de lo pésima negociadora que era Hillary Clinton. Aparte de que no me parece una mala negociadora, su pregunta no tenía nada que ver con el tema de la entrevista. Era una burda forma de emboscarme para que yo criticara a la candidata presidencial. Es muy fácil caer en la tentación de sumarse a comentarios negativos respecto de la apariencia de las mujeres, o de si son agresivas, o de si descuidan a sus familias en favor de su trabajo. Pero dado que jamás harías estos comentarios sobre un hombre, tampoco los hagas sobre las mujeres.
        Las etiquetas van en contra del empoderamiento de la 
mujer




Evita usar etiquetas que contribuyen a estereotipar a las mujeres. 
Es decir, no uses ni permitas que otros usen adjetivos como “zorra”, “machona”, “marimacho”, “perra” (bitch) etc. que no hacen más que perpetuar estereotipos que dificultan la igualdad de género y el desarrollo profesional de la mujer. En este sentido, : “Si las etiquetas están hay que trabajar para erradicarlas porque son muy dañinas a largo plazo. En estos casos hay que re-significarlas utilizando etiquetas positivas que potencien los dones de las mujeres y se conviertan en reconocimientos. Por ejemplo: Que “zorra” se use para designar a alguien “súper detallista”. Al instaurar la re-significación de las etiquetas vas a contribuir con un mejor clima y cultura laboral”.
Practica estos simples principios para fomentar el empoderamiento de la mujer y la igualdad de género en tu casa y en el trabajo

Cuando se trata de que los hombres apoyen al empoderamiento de la mujer y colaboren para lograr la igualdad de género hay mucho por hacer. Empieza por aquí. Por respetar y difundir estos simples principios y te aseguro que en el corto plazo verás una sustancial mejoría en el ambiente laboral y en el respeto que te ganas de las mujeres que te rodean tanto en tu vida personal como profesional.

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